La muerte de Manolo Romero en la plaza de toros de Quito
obligará a su amigo Rafael Montilla, ganadero y torero
retirado, a comunicárselo a Graciella, su viuda, una belleza venezolana.
Ese mismo día, en un lugar recóndito de la dehesa charra, una
vaca, negra como la noche, pare un becerro con el don del entendimiento.
La relación del becerro llamado Boyero con su padre, semental de
la ganadería, le permitirá ir adquiriendo los conocimientos
necesarios para salir triunfante de la gran prueba en el cerrado del
sacrificio.
No obstante, en el plano humano, las relaciones entre el viejo
torero, la viuda y el becerro, que crece ajeno a las pasiones de los seres
humanos, pero no a sus consecuencias, componen el mosaico de una
historia donde todos los personajes buscan, a su manera, el indulto
del público que los observa. Cuatro años más tarde, a las siete de la
tarde, todos tendrán una cita irremediable en el madrileño coso de
Las Ventas.
El autor, instalado en el realismo mágico, en ese difuso territorio
entre la vigilia y el sueño, dibuja en Boyero al buen salvaje, en el que
conjuga instinto e inteligencia sin un código moral explícito que
suavice sus aristas, resultandounanimal increíblemente real.
En el calor de la tarde, es el toro quien responde a la polémica
antitaurina con su forma inteligente de pensar matizada por el
instinto de su especie.Alo largo de la novela, Boyero irá descubriendo
la razón de su vida impuesta por los hombres: ganarse la vida en la
dehesa triunfando en la plaza o morir en el intento.